Por qué Uruguay tiene la inflación más baja en 70 años, y por qué eso es un problema
Un país que durante décadas sufrió inflaciones del 129% ahora tiene el IPC más bajo desde 1956. Suena bien. Pero los economistas uruguayos están preocupados. ¿Por qué una inflación demasiado baja también puede ser un desafío?
Uruguay tiene una larga historia de inflación alta. Desde 1938, la media ha sido del 29,4%. En 1990, el IPC llegó al 129%: por cada 100 pesos que costaba algo en enero, al final del año costaba 229. Hubo otra crisis en 2002, cuando la inflación superó el 25% en plena quiebra bancaria. Con ese historial, mercados, empresas y analistas uruguayos asumían que la inflación siempre superaría las previsiones del Banco Central. Entonces, al final de 2025, ocurrió algo imprevisto: la inflación cerró en 3,65%, la más baja de los últimos 24 años. Y en febrero de 2026 descendió aún más, hasta 3,11%, el nivel más bajo desde agosto de 1956. En términos de América Latina, este dato equivale a lo que sería ganar el Tour de Francia para un ciclista que durante décadas terminó el último.
¿Cómo lo logró Uruguay? El arquitecto principal es Guillermo Tolosa, el nuevo presidente del Banco Central (BCU), un economista proveniente del Fondo Monetario Internacional (FMI) designado por el gobierno de izquierda de Yamandú Orsi. Tolosa aplicó una política monetaria más restrictiva: subió los tipos de interés y fortaleció la credibilidad de la institución con un objetivo de inflación claro del 4,5%. Un factor externo también ayudó: el dólar estadounidense se debilitó frente al peso uruguayo un 11% en 2025, lo que abarató las importaciones y contribuyó a reducir los precios. Además, Uruguay cuenta con condiciones estructurales favorables: el mayor superávit comercial de los países emergentes y las reservas de divisas más altas de su historia.
— Guillermo Tolosa, presidente del Banco Central del Uruguay
Pero aquí llega la paradoja: esa misma inflación baja es ahora motivo de preocupación para el gobierno uruguayo. A mediados de 2025, las autoridades fijaron las pautas salariales para dos años calculando una inflación del 4,5%. Al caer por debajo de esa cifra, los salarios reales de los trabajadores son ahora más altos de lo previsto, lo que puede disuadir a las empresas de contratar personal. Al mismo tiempo, la recaudación fiscal del Estado —calculada también sobre esa previsión— será menor en términos reales. El ministro de Economía, Gabriel Oddone, lo dijo claramente: "Para nosotros, es tan inconveniente un incumplimiento de la meta por arriba como por abajo." El crecimiento económico tampoco acompaña: Uruguay creció apenas un 1,8% en 2025 y algunos sectores exportadores sufren porque el peso fuerte encarece sus productos en el extranjero.
De momento, el Banco Central descarta cambiar su meta de inflación del 4,5% o su política de tipos de interés, a la espera de señales más claras. Hay factores que podrían elevar la inflación en los próximos meses: el precio del petróleo ha subido por el conflicto en Oriente Medio, y el dólar comenzó a recuperarse. La economista Tamara Schandy estima que la inflación podría subir casi dos puntos porcentuales. Para el Banco Central, eso sería bienvenido: acercarse a la meta del 4,5% es exactamente lo que busca. La lección de Uruguay es sutil pero importante: en economía, no hay una respuesta simple. Demasiada inflación destroza el poder adquisitivo de los ciudadanos; demasiado poca puede paralizar el empleo y las cuentas del Estado.
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